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Farándula

¿Cuantas veces, desconocidos lectores varones, fantasearon con entrar a algún evento social acompañados de una mujer despampanante? ¿Cuantas veces, desconocidas lectoras mujeres, fantasearon con entrar a algún evento social acompañadas del más eximio bailarín? ¿Cuantas veces,
desconocidos lectores polifacéticos, fantasearon con entrar a algún evento social
acompañados de una niñ@ religiosamente angelical?
Esta mañana desperté sin acidez. Por fin, despues de una semana sumamente ácida, llena de veneno conocido (pero casi olvidado) pude despertarme junto a mi amante eterna y abrazarla un largo rato poniendo como excusa el frío otoñal. Otro día hermoso del resto de mis días hermosos. Otro día en donde abrí los ojos y, entre el sol de la persiana de mi habitación, vi las cosas con claridad; que vale, cuanto valgo, donde valgo, para quienes valgo. Sentí y entendí cuantas lágrimas y cuantas risas merece cada sombra junto al sendero...pero, maldito vicio de poexistente, nunca se si aprenderé a distinguir venenos de perfumes.
Esto de ser poexistente no es tarea fácil. Parece ser que tienden a "emocionalizar" cada aspecto de su vida; que en cada lugar donde pasan horas y horas no reducen su presencia, ni la de otros, a aspectos técnicos o mecánicos, sino que ven en el espacio físico un intenso y multicolor haz espiritual entrecruzado; su condena reside en ello...en observar, analizar y aprehender algunas almas allí, algun alma allí, para soportar mejor el dolor de ser y no ser. Pero el error es factible. Y allí es donde aparecen las lágrimas y/o las poesía, o sea la angustia de ver y no tocar (como niño en la dulcería, je).
Chicas que me sacan a bailar, hombres que te preguntan como si supieras, amigos que te hacen sentir que no le devolves lo que te dan...chicas que actuan como pelotudas, hombres que me temen por lo que no soy, amigos que vuelven a serlo tan solo con cruzarse en la noche...
Javier "Jotta" Defox

Bullying

Recién desperté de un sueño orgásmico. Luego de dar vueltas y vueltas en la cama y frente a la heladera pude conciliar el sueño. Y allí, si allí, cumplí algunos de ellos. Dejando de lado mujeres fantasmales y amorosas, avasallado por esta alergia que no me abandona, soñé con niñas putas, putas adolescentes, robos pacientes, pacientes ladrones, furia endulzada y dulces con furia.

Salí a la calle, aún de noche, y caminé hasta aquí, con ganas de escribir aquí. Atrás mío nadie, junto a mi espían, y por fin pude darle un uso a esto auriculares de mierda: The Beladies. Afortunadamente los beatles me gustan también sin alcohol. Quevachaché.

Falté al laburo y no me arrepiento. La alergia y esas migajas de revolución lo merecían ¿Acaso alguien más que mi madre laborienta condenaría dejar que los adolescentes que intentan aprender sin estudiar se inunden de mugre (propia) en sus cárceles? ¿Acaso alguien más que el rector de mi vieja escuela católica (espero que muerto) condenaría que ellos intenten escapar de una ventana con vista al cemento?¿Acaso alguien más que mis viejos condiscipulos de variopintas disciplinas condenarían esperar que llegue mi amor gastando un peso (y ganar unas monedas más para el bondi)? No sé.

Enciendo el tercer cigarrillo de los cientos que ya no fumé y muevo la cabeza como perdido. Una mujer vieja se sienta a mi lado y entra al chat. Con dos dedos y un peso del vuelto de las compras engañará a su marido, y está bien. La lagaña me cae mal, cambio entonces al blusanrol y muevo de nueva la cabeza como un playmovil poseído. Alannah Myles y mucho glamour ochentoso.

Altar, paciencia, gritos de terciopelo negro, bebés molestando entre orines... y un saludo ecléctico: God save the key.

Espacio publicitario

Cada tanto
los viernes a las 24hs
en el ciclo de poesía y blusanrol
Maldita Ginebra
Corrientes 3416
(camine por la oscuridad)
recita
Javier Defox

Ovnitorrincos

Estimados fantasmas, aquellos cuyos nombres figuran como parte del equipo y aquellos que, por compasión o hartazo, visitaron o visitan este maravilloso mundo que fue y pudo ser Culturamma; les escribo porque en estas vacaciones nuevamente temí salir a las calles a gozar del sol. Solo en ocasiones lo he hecho: para comprar unas latas de picadillo y criollitas baratas en el super de los chinos, para pagar el alquiler del mes los días 10, para comprar medio kilo de helado que viene bien de bajón; para comprar puchos si se acaban en horario de siesta; para esperar en la puerta a mi chica que aún no le devolví las llaves de su casa. Solo en ocasiones salí a gozar del verano.

Les escribo porque, ya adentrado el 2008, encerrarme con mi gato adicto a la pc, se ha convertido en un ciclo creativo. Desde las obras de teatro que adapté por la promesa de mi cíclica amiga Blumen de montarla sobre las tablas, hasta la selección de poesías a recitar en ese tugurio dado en llamar Maldita ginebra, pasando por eternos retoques a proyectos inconclusos.

Les escribo porque la gran contradicción, inundada de fantasía, de enlistarme en las filas del ejército de San Marcos Sierra pero sin querer perder el ruido apabullante de personas y automóviles que definen a mi Buenos aires desteñido, es implacable con todo lo que los manuales no enseñan ni al pie de página.

Les escribo evitando dar discursos de compromiso con ésto, porque al fin y al cabo todo "será lo que pueda ser". A lo único a lo que me animo es tomar, yo, la ajada, arrugada y maloliente bandera de Culturamma y ponerla de nuevo en alto, aún sobre una montaña de basura. ¡Si! Aunque sea junto a la bandera del Ceamse, aunque sea.

Culturamma no fenecerá por sus hombres, solo fenecerá cuando sus colores, lo que les dan razón de ser, no sean capaces de convencer a alguien a ayudarla a erguirla, si desprecio ni desecho de quienes lo han hecho en el pasado.

He dicho, yo, antes conocido como Jotta, ahora autotitulado Javier Defox: ¡Quienes jueguen con la cultura a mi! ¡Quienes se ahoguen en pedazos de oficina, allá, lejos!

Camaradas, las puertas están abiertas. Lea cada pedazo del sitio y yo esperaré su voz aquí mismo. ¡Frenesí o vacio!
JAVIER JOTTA DEFOX
Comandante de sus huesos
www.defoxcircus.blogspot.com

Feliz navidad

Hoy es un hermoso día soleado, un poco caluroso pero hermoso al fin. La gente va y viene, comprando su último regalo o el kilo de helado que le corresponde. Cansado, triste, angustiado, cargando una enorme bolsa de ropa limpia, entré al ciber a cumplir mi heroico deber de escribir aquí. Es mi vicio, o condena, alentar a los moribundos. Por ello sigo escribiendo a pesar de que siento un enorme vacío interior y que debo alternar estas oraciones con la charla con un muchacho de pelos enrulados, que siempre (casi siempre) me hace bien.
(Esto de la balanza cósmica siempre fue una buena idea)
Siempre le di más bola al Año nuevo que a Navidad. Más que por mi ateísmo insufrible es por la excusa astronómica de poner en la balanza lo bueno y lo malo conquistado durante este año. Y es al hacerlo que, llegando al disco, aún sufro de la incertidumbre de si será positivo o no. El año nuevo me puede llegar a recibir con la novedad de que quien amo tal vez ya no me ama. Y eso derrumba toda mi fortaleza espiritual. Ya ha pasado y no quiero recibir el año solo. ¿Culpa? Y si, tal vez sea culpa mía, pero ni terapias ni laburos lavarán los despojos de mi escencia. La marea llega y empiezo a delirar. Hago críptico mi mensaje. Y entonces pierde sentido todo esto.
(La amo como puedo)
Mujer, ¡si! tú mujer, lamento todo, no quiero más sufrir, tampoco quiero perderte. Tal vez ya te perdí. La vida me pasó por arriba, no sé. Lo único que se es que, a casi treinta años de que lloré por primera vez, no puedo hacerlo ahora aunque lo necesite.
Esto que escribi es una mierda, me declaro culpable...pero la verdad es q ver como ultima nota "El juicio final" me aburre. A pesar de las burlas, ingnorancia o palabras familiares, expongo mi humilde voluntad de seguir...con vos, mujer.
(Ya veo los comentarios de quienes me frecuenten, y me molesta por adelantado)

Más Efemérides

En 1988, el 31º de Octubre, la Cámara Federal de Buenos Aires

confirma la condena a doce años de cárcel

a militares que dirigieron la guerra de las Malvinas.

La tropa se prepara para pudrirse en la cárcel



El 4 de Noviembre de 1492, Cristóbal Colón muestra

a sus compañeros de conquista la planta de maíz


El comandante junto al hallazgo que haría grande a la Corona




En Ucrania, el 6 de Noviembre de 1879,

nace León Trotsky, el gran revolucionario

El líder bolchevique en una reunión partidaria

El reino del tuerto

El semblante de un hombre lleva, inevitablemente, a marcar lo particular de su rostro. Sin embargo, en el caso de un hombre tuerto, solo su reino lo aclama como es.
El hombre tuerto, ese que motiva estas líneas, atraviesa esa particularidad, la deja como un detalle en su vida. Un hombre epiléptico, alérgico, pateado por un caballo a los 8 años, cuyo padre se suicidó aún antes, hace olvidar su visión parcial de los aconteceres. Esa que, según el saber popular, lo haría señor de los ciegos.
En el mundo real es diferente; allí no es rey, a pesar de que quienes lo rodean insisten en fingir que son ciegos, simplemente para ocultar su repugnancia o su lástima por los destinos del hombre en cuestión.
En el mundo real es siervo, como tantos. A pesar de que cuando niño hubiese fantaseado con Morgan, es siervo. A pesar de que cuando adolescente hubiese fantaseado con Kirchner, es siervo. A pesar de que cuando joven hubiese fantaseado con ser líder de un Ejercito de Liberación Tuerta, es siervo. A pesar de todo ello, sirve a quienes le pidan simplemente para agradarles..y perpetuar así el silencio cómplice del resto...o mejor dicho, la fingida ceguera que lo convierte en un rey con corona de cartón.
Los Pumas perdieron, el Football argentino ganó, Tigre sigue siendo sorpresa y mi alergia recién hoy me da respiro. Mañana, a seguir fingiendo que ese rey tuerto está vestido, a seguir sirviendo codo a codo.
defoxcircus.blogspot.com

Mis efemérides de Octubre

1957
Hace cincuenta años,
la Unión soviética colocaba
el primer satélite artificial en la órbita terrestre
El Sputnik I marcó un hito en la historia de la humanidad

1907
Hace cien años,

comenzaba el servicio de taxímetros
en la ciudad de Nueva York.
Más de 13.000 taxis circulan por la ciudad de Nueva York


1737
Hace doscientos setenta años,
un huracán mataba 300.000 personas
en el golfo de Bengala.

`Huracán´Ramirez fue el protagonista de la única pelea entre un luchador y un boxeador

El vuelo del tucán

Desde que hace unos años, durante un recital de los Rolling stones, un joven se tiró desde las alturas al grito de "Quiero volar como un tucán", mi cabeza repite ese deseo con insistencia. Repiquetea como un grito de guerra implacable, fatalista. Y a días de cumplirse cuarenta años de la muerte de Che, se me presentan también implacables, fatalistas, la manecillas del reloj. Entre uno y otro ajuar mortuorio se dibujaron, como los dibujos sin terminar de la vieja croniquita, esperanzas de varias generaciones que ni siquiera podrían elegir en alguna tienda de ropa la remera más sucia. Vallejo escribió:

Un libro quedó al borde de su cintura muerta,
un libro retoñaba de su cadáver muerto.
Se llevaron al héroe,
y córporea y aciaga entró en su boca en
nuestro aliento;
sudamos todos, el ombligo a cuestas;
caminantes las lunas me seguían;
también sudaba de tristeza el muerto.
El reloj se ha divorciado del espacio sideral. A borbotones viudas, amantes y consortes amagan con preparar el café con leche. Las tentaciones no son más que guaymallén vencidos. Otra vez el bombardeo me distrajo. Mi viejo recurso viene entonces de un viejo bar:
Humedad... llovizna y frio; mi aliento
empaña el vidrio azul del viejo bar.
No me pregunten si hace mucho que la espero,
un cafe que ya esta frío y hace varios ceniceros.
Aunque se que nunca llega, siempre
que llueve voy corriendo hasta el café
y solo cuento con la compañia de un gato
que al cordon de mi zapato lo destroza con placer.

Lágrimas de malta

Anoche también tuve un sueño, en él alguien me decía que el cerebro de las ovejas solo sirve para empujar sus patas hacia delante. Preferí seguir caminando entre ellas antes que juzgarlas.


Simplemente porque antes de cerrar mis ojos la ciudad asfixiaba, y un poco de olor a bosta era más que un fresco elíxir, era una máquina a vapor que me llevó al pasado.

La bosta mezclada con enormes nidos de hormigas ayudan a anestesiar los sentidos urbanos, esos que -regados de malta- rememoran tiempos pasados e impotentes. Miro al frente, mascullo bolsillos vacíos y no puedo dejar de sentirlos en cada rincón de mi celda; que, húmeda, solo un gato tordo habita y me hace companía.

Mi celda me place, el vapor húmedo se esparce por los recovecos. Sin embargo la máquina del tiempo no funciona, solo un tosco ruido alerta a mis vecinos. Temo que el poco de combustible no siga rodando por las hendijas de lo que debí corregir pero es tarde, es tarde si quiero seguir siendo yo.

Baches, algo así como una balada parasitaria....

Hubo un tiempo en que el vértigo merecía mis velas. Años atrás, caminar lentamente para no perder la velocidad de los acontecimientos, de esa especie de ruleta rusa emotiva, me provocaban mucho placer. Pero, como dijeron muchos antes de mí, el tiempo es implacable. Ahora me aburre, y no porque los nuevos amantes del vértigo, o que fingen serlo, me hayan dejado en orsai, sino porque la inestabilidad, moneda de decenas de habitantes, me lacera la carne, mucho. Y estos no son tiempos ni tengo tiempo para seguir prendiendo velas ni abriendo venas de fantasmas.
Los que predicaron amor u servilismo, lo que carajearon oficiales, los que se visten de metodistas, los que reniegan de ser tunantes, los niños con aura de estrella, todos ellos, todas ellas, me han dejado vacío. De nuevo el implacable tiempo es el que hará un diagnóstico de esta farsa. Y nuevamente, en ciclo maya, erecto, seguiré.
Anoche, detenerme en el bullicio a escuchar a un perro pudo haberme sorprendido, pero no fue así. Tanta pena, propia y ajena, no me pareció algo irreal, me pareció patéticamente insulso, como esa mirada que esconde. Anoche, extrañar a uno de pasos cansinos que delatan pedantería, tampoco me sorprendió. Mascullé bronca por su estupidez. Otra estrella que brilla.
Anoche, olvidar al resto para ver lo inestable del asunto, me dolió. Pero, este hombre que se jacta de su inteligencia, terminó de comprender. Algunos beben de lo que tienen a mano, otros gimen pretendiendo algún elixir que sacie sus entrañas.
Y esto es una mierda. A tí, lejano e imprudente lector, no le queda claro que tengo para decir. Si dejo de pensar simplemente putearía, mucho. No me interesa un hombre que putea, tampoco uno que es puteado. Por eso no juzgo a quién degüella a su familia con tramontina, a quién incendia su casa bidón en mano, a quién apuñala por la espalda en alguna callejuela mal iluminada. No los juzgo, sus cejas enfermas tienen razón de ser. Sin embargo, tampoco me interesa el hombre que putea desde su carabina.
Durante años me vestí con ropas de feria, con ellas combatí el frío. Pero ahora, que me han quedado chicas, dudo en sacarmela. Este crudo invierno me desafía a hacerlo, pero mi pecho no tiene el suficiente vello para caminar hasta la próxima feria.
Y sigo sin explicarme. Y sigo fantaseando. Adiós.

Diagonal Roca

Anoche tuve pesadillas. Bien no las recuerdo pero eran de esas que no te sirven para nada. Sin embargo se me ocurrió escribir:
- Si le quitas sus finos vestidos rojos, quedará solo un enclenque pequeñoburgués desahuciado
¿Acaso tú podrás juzgarme
por tan compacta frase?
Si a él, glorioso gladiador, lo metes en tu nariz no será más que el recuerdo de un niño rico fascinado por un diario, un cassette y una campera; como lo es para mí. Pero tú, niño inocente, no ves más que la pila de períodicos amarillentos que robo su sonrisa. Largas arengas de mp3 sin barba, ni morral, ni morro atravesado en su piel. Ya no importa, ni para mi ni para ti. Solo es una excusa para no regresar.
¿Acaso tú podrás condenar mi visión?
Sombras de tics nerviosos. Un traidor adorado en bronce líquido. Pasillos murmurando por temor. Y ya no importa. Un grano más, un engranaje más...camina y te atrapa para liberarte y poder volar.

Deida greca

Despertar con un gato caminando en mi cabeza no despeja el sopor dominguero. Más si descubro que la poca coca quedó afuera
y está caliente.
Echar al gato para volver a dormir tampoco resulta.


Despertar una y otra vez durante el día no me sirvió. Fue entonces que salí de mi casa en pijama para combatir el dolor de mi cuello, aquel que ya me había abandonado. Miré el horizonte, botella en mano, y entré a escribirles, pacientes lectores.

Mujeres viejas, deseos acongojados, un gran amor, saturaron mi pantalla. Nada importó más que aquellas que me encadenaron a mi condena. Que con defensas bajas y juegos adolescentes me robaron una sonrisa y me regalaron un poco de ego.

El dolor de cuello no cesó. Mi cabeza disfruta. No quiere que termine el horizonte, presente, deseado, entre banderas rojas y sonidos páez. Porque cuando termine tendré que regresar a casa, con el gato y la cucharacha que desde hace días espera en la cocina un funeral.

Romana

"El silencio de cementerio no es más que el eco de lágrimas en una habitación descascarada, que maquillada con libros húmedos y maullidos solitarios, pretendió ser nido, bunker, telo..."


Un compinche de algunos años de la adolescencia decía que las pastillas no hacían mal porque eran "remedios". Cuando lo hacía solo atinaba a sonreír, tomándolo como de quién venía. Con el tiempo aprendí que las cosas no hacían "mal o bien" por definición, sino que el vértigo con que nuestro espíritu deambula es lo que marca que hace "mal o bien". Sin embargo, en tiempos donde las masas aún amorfas pretenden que cajas de cartón y papeles manchados cambien sus destinos, las cajas y papeles que otro compinche de los mismos años encendía -obsesivamente- durante nuestras noches de vagancia, se tornan como una dulce melodía de rebelión.

Estos días invernales pienso en él y en ellos, esa turba melancólica e inconciente con la que matabamos horas de dolor; pienso en ellos porque, al pasar los años, comprobé que sus toscas maneras de reír, llorar, gritar, silenciar, eran semillas del fuego que prepararon a una parte de mi generación para el porvenir. Otra, que bajó su cabeza y se perdió entre la música de la radio, se ha criado incapaz...con ella solo caminé unos kilómetros del sendero, más por contradicción que por sumisión; la otra parte, aquella de los`90, se fueron también.

Las pastillas, del abuelo, del hijo del farmaceútico, del sidoso cagón, hacen mal o bien. Y a nadie le importaba ni le importa. Solo yo uso recuerdos lejanos para ahogar recuerdos más recientes, esos donde fantaseaba terminar mis días en una quinta de General Rodríguez, bajo un paraíso, tomando y fumando, sereno y satisfecho...

Pelotudeo

Había escrito unas líneas más que buscaban expulsar mi pésame. Pero, como entendí entre ruidos lo que me explico el muchacho del ciber, es imposible abrir el archivo. Me frustré porque , como ustedes sabrán, escribir no es tarea sencilla. Es entonces que, haciendo gala de compromisos tomados, pelotudeo con mi tiempo y su tiempo.

Un amigo, hombre estable y firme, de pocas pulgas y muchas manías, me alentó a hacerlo. Pretende que ustedes, inestables lectores de excesiva paciencia, no pierdan oportunidad de conocer como hilvano palabras y mascullo silencios. Hace tiempo que mis palabras superan las quinientas...pero mis emociones no pasan de cuatro o cinco.

La pasión, el miedo, la ira y la calma son virtudes o defect de quienoses, condenados por los fantasmas del altillo, vomitamos una y otra vez aquellos que incendiamos puentes tras de nosotros.

Estos días grises siguió ocurriendo, a pesar de que no quise, siguió ocurriendo. Quemar puentes y pararme sobre la mesa de "los poetas". Tambalear mis ideas y gritarles que son solo árboles viejos. Pero la tiranía de luces violetas, cuerpos sudados y huídas rojas es así. Palabras y palabras brotan de las entrañas de la noche sin saber si tienen algún sentido y si importa que lo tengan...forma, contenido, forma, contenido...¿acaso escribir no es burlarse del contenido? No se...cumplí....con ustedes y con mis células, con vosotros y la soledad.

Callado...

Callado...







...tipografía fetiche






Laberintos

incandescentes






Andar en si mismo













Tibios y
ardientes




Señores tribales...
...callados


La caja fuerte


Hubo un tiempo en que fui niño,
a pesar de los sentados en la cornisa.
Fui niño y tuve miedo.
Miedo del largo pasillo de la infancia, donde Belcebú me llamaba con voz maternal.
Miedo de la cocina, campo de mil batallas.
Miedo de calles cortadas, luminosos espectros que no explico.
Ese miedo, maduro, flashback, me oculta bajo sábanas propias o ajenas...
TV blanco y negro y menta hispana,
caja fuerte y cuchillo en mano...
caja fuerte y escoba en mano...

Ese miedo, espejo, en el otro, me inunda el pecho sobre cadáveres inconcientes...
blandiendo mi puñal...

(baches)

Otoño

Otoño, no solo temporada de hojas, tiempo -tal vez- de días amarillos de grandes decisiones q no se recuerdan en hemerotecas. Cuando buhos, múrcielagos, cuervos y águilas se escurren en el mismo nido... cuando ellos crean clubs de amigos...

Otoño, tal vez esos días,
donde quienes nos aferramos al mástil
frente a la tormenta evitamos ahogarnos
con el viento y el agua sucia.
Pero los hilos del teatro permanecen...
incubados... en formol...
Otoño, brusco, nostálgico,
de nuevas épocas
donde al llegar a casa pocos, pocos,
acobijan lo cotidiano, feneciente y sacrílego.
Y esa era, nuevas épocas,
de perros inquietos y madamas de villa urquiza.

Tal vez... cubo dentro de pirámides. Sinsentidos en sensaciones,
entramado estreñidos, ilusiones latentes, frenesí focalizado...
en la cama de tibios capitanes y vulgares sargentos...
ondeando su mediocridad entre los pequeños habitantes de ciudades...
(salta, salta esos baches, vórtice).


Cajón de manzanas



Arrecian los vientos contaminantes,
se diluyen los berretines del mandamás.
Sudado por este verano crujiente,
me alzo y se alzan,
me calzo y se calzan,
caminamos...
Verano en Buenos aires.
De esos que se repiten, por lo menos desde hace cinco años.
Calor, cemento, carne y quizás una pelopincho.

Un verano inconmensurable,
donde quienes siguen girando la rueda son los mismos,
aquellos que juntan monedas en invierno, otoño y primavera
para escaparse;
aquellos que juntan monedas al amanecer, al mediodía y en el ocaso
para parar la olla.

Como resentido social que soy, también me quedé en la ciudad,
y fue en ella donde se me presentó lo pútrido del verano,
y las demás estaciones también.
Porque a pesar de que las playas albergan bullicio,
los cementerios siguen conteniendo nuestros huesos...
...o por lo menos eso intentamos.
Enterrar nuestros muertos es nuestra propia odisea,
enterrar los huesos de quienes nos abrigaron al llorar,
nos dieron de comer en la boca,
o simplemente caminaron bajo el sol y la lluvia junto a nosotros.
Un pedazo de tierra, un par de flores son un privilegio de pocos.
Tanto que nos vemos obligados a ver como rostros amigos
se vuelven amorfas pelotas.
Lejos, lejos están las voces de pingüinos y macris
para acallar las lágrimas
de quienes
recibiremos a los gusanos en un cajón manzanas, lejos.