Voloh: La dama, la flor y el ciego

Érase una vez un pueblo, donde las luces eran bajas, las paredes elásticas y en las esquinas se decidía si sus habitantes ganaban o perdían. Allí vivían de noche quienes, ya hacía mucho tiempo, se alejaron de las urbes del sol. Un puñado de seres intentando convivir ajenos al trajín cotidiano.
Entre sus pioneros se encontraban una dama entrada en años, una flor que perfumaba sus pétalos y un ciego que jugaba al alcalde. Dicen que la dama estuvo casada pero, un día al llegar del club, descubrió que su marido se había fugado con todas sus fotografías. Dicen que la flor había crecido en la galería Vermeer pero, cuando descubrieron que su perfume era artificial, la expulsaron. Dicen que el ciego en su adolescencia, por un golpe de suerte, empezó a ver sombras y desde entonces decía que nunca lo había sido.

Cada uno, en su afán por mofidicar el rumbo de sus vidas, respondió a un extraño aviso que apareció en La Nación: "Fundación Voloh seleccionará personal de las más diversas características para novedoso proyecto sociológico. Presentarse hoy y mañana sin CV a la izquierda del Planetario"

La dama terminó su té de la mañana, acomodó sus nuevas ropas y tomó el 111. La flor roció sus hojas con su Be Delicius y se coló en una camioneta de la Hicken. El ciego pidió un remis.


2 comentarios:

Natalie dijo...

Debo reconocer que las anteriores no me gustaron.
Esta me pareció espléndida, pero...
ya se terminó? Lástima.
Estaba en la parte más interesante!
Me imaginé una dama de las de Vermeer pero de clase alta, una flor algo marchita y un ciego conspicuo.

Javier Defox dijo...

Natalie, debo reconocer que a pocos les gusta todo lo que hago. Tu comentario también me pareció espléndido, pero la dama no es de Vermeer, aunque quizas quiera serlo; la flor no está marchita sino que quizas, quizas, nunca tuvo perfume; y el ciego, el ciego ¿podrá deambular sin fingir?
...y yo, ¿seguiré espiando por Voloh?