Marx según Marx

Marx a J. Weydemeyer

...Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases...

Londres, 5 de marzo de 1852

Surrealismo II: Imaginación y locura

La publicación del Primer manifiesto surrealista en 1924 expresaba la ruptura del movimiento dadaísta encabezado por el poeta rumano Tristán Tzara. La fuerza creativa de éste se basaba en el grado de comprensión de la crisis política internacional de principios del siglo XX, cuya expresión concentrada fue la Primera Guerra Mundial: la creación entre los escombros. Por ello, el cambio político que significó la revolución bolchevique de 1917 se planteó como un desafío. El Congreso dadaísta internacional de 1920, en París, fue donde se plasmó con más claridad. A continuación, publicamos la segunda parte de aquel primer manifiesto.

"Amada imaginación, lo que más amo en ti es que jamás perdonas.

Únicamente la palabra libertad tiene el poder de exaltarme. Me parece justo y bueno mantener indefinidamente este viejo fanatismo humano. Sin duda alguna, se basa en mi única aspiración legítima. Pese a tantas y tantas desgracias como hemos heredado, es preciso reconocer que se nos ha legado una libertad espiritual suma. A nosotros corresponde utilizarla sabiamente. Reducir la imaginación a la esclavitud, cuando a pesar de todo quedará esclavizada en virtud de aquello que con grosero criterio se denomina felicidad, es despojar a cuanto uno encuentra en lo más hondo de sí mismo del derecho a la suprema justicia. Tan sólo la imaginación me permite llegar a saber lo que puede llegar a ser, y esto basta para mitigar un poco su terrible condena; y esto basta también para que me abandone a ella, sin miedo al engaño (como si pudiéramos engañarnos todavía más). ¿En qué punto comienza la imaginación a ser perniciosa y en qué punto deja de existir la seguridad del espíritu? ¿Para el espíritu, acaso la posibilidad de errar no es sino una contingencia del bien?

Queda la locura, la locura que solemos recluir, como muy bien se ha dicho. Esta locura o la otra... Todos sabemos que los locos son internados en méritos de un reducido número de actos reprobables, y que, en la ausencia de estos actos, su libertad (y la parte visible de su libertad) no sería puesta en tela de juicio. Estoy plenamente dispuesto a reconocer que los locos son, en cierta medida, víctimas de su imaginación, en el sentido que ésta le induce quebrantar ciertas reglas, reglas cuya transgresión define la calidad de loco, lo cual todo ser humano ha de procurar saber por su propio bien. Sin embargo, la profunda indiferencia de los locos dan muestra con respecto a la crítica de que les hacemos objeto, por no hablar ya de las diversas correcciones que les infligimos, permite suponer que su imaginación les proporciona grandes consuelos, que gozan de su delirio lo suficiente para soportar que tan sólo tenga validez para ellos. Y, en realidad, las alucinaciones, las visiones, etcétera, no son una fuente de placer despreciable. La sensualidad más culta goza con ella, y me consta que muchas noches acariciaría con gusto aquella linda mano que, en las últimas páginas de L’Intelligence, de Taine, se entrega a tan curiosas fechorías. Me pasaría la vida entera dedicado a provocar las confidencias de los locos. Son como la gente de escrupulosa honradez, cuya inocencia tan sólo se pude comparar a la mía. Para poder descubrir América, Colón tuvo que iniciar el viaje en compañía de locos. Y ahora podéis ver que aquella locura dio frutos reales y duraderos.
No será el miedo a la locura lo que nos obligue a bajar la bandera de la imaginación."

Voloh VII: La sexta jardinera

Voloh no tenía agua corriente, ni gas natural ni cloacas; y la luz eléctrica provenía de una conexión especial lograda por un acuerdo especial con la gobernación del Chaco. El agua provenía de una serie de pozos realizados en las cercanías, el gas lo obtenían de grandes garrafas industriales instaladas en el sector norte del pueblo, y cada baño tenía un pozo ciego. Aparte de los bungalows donde vivían los habitantes, constaba de un pequeño hospital, una colegio multidisciplinario y un Departamento de Insfraestructura que se encargada del mantenimiento general del lugar. Así mismo, frente al anfiteatro, funcionaba la Alcaldía, desde donde se coordinaba la actividad cotidiana.

El primer día, en el camino de Fortín Aguilar a Voloh, la caravana de jardineras pasó por una larga y estrecha picada de tierra; a sus costados, una inmensa variedad de árboles y arbustos. El Sol abrasaba El impenetrable, era la llamada `hora de la siesta´ y los matungos pretendían cabalgar mientras dormitaban. Dorys, la dama, viajaba en la sexta jardinera. Con ella, junto a quien conducía, iba una mujer de -más menos- su misma edad. Atrás, sentados como podían, iban cinco futuros habitantes más, dos hombres y tres mujeres. Quién más le llamó la atención fue un hombre de unos treinta y pico, cuya altura pasaba los dos metros, vestido con pantalones militares, borceguíes, una remera de Los Redondos y un sombrero de los Bulls. Este hombre sería protagonista de una serie de escandalosos sucesos en el pueblo. Sin embargo, el Errante no lo menciona en las páginas de su diario. La poca información al respecto llegaría hasta las tapas de los diarios provinciales a través de uno de los conductores de la caravana, que también era el encargado de llevar provisiones semanalmente. Según se cuenta en las oficinas de la Fundación Voloh en Buenos Aires, este cosechero venido a proveedor, en la actualidad pasa sus días en alguna isla de Brasil, atendiendo un bar de turistas.

A Dorys le gustaba, le llamaba la atención. Ella no quería abandonar el trajín sexual que traía. Poco después, comprobaría que Voloh le traería sorpresas al respecto. Mientras sonreía pensando en su compañero de viaje, el largo camino estrecho dejó ver la entrada a Voloh. El conductor, fingiendo interés por lo que ocurría, dijo:-Bienvenidos a su nuevo hogar.

Una prolija tranquera envuelta en un arco de grandes ladrillos grises, con un cartel de quebracho que decía Voloh, era el inicio de todo. Las flores autóctonas, amarillentas, le daban aún más un clima apacible. Nadie dijo nada. Nadie quería romper la melodía del tronar de las pisadas de los caballos y el rechinar de los carros.

¿Arte callejero o "Street Art"?



En el Espacio de Arte del Centro Cultural Rojas (Av. Corrientes 2038) puede verse hasta el 31 de agosto una muestra sobre “Street Art” –tal el nombre que los curadores han elegido para titular la exposición.

Ante todo, cabe preguntarse: ¿es lo mismo “arte callejero” que “street art”? No. Lo que algunos llaman street art es sólo una vertiente del arte que podemos ver en las calles. Se trata de expresiones que apuntan a replicar en Bs. As. una estética y una forma de creación que nació en la Nueva York de los `70, con artistas como Keith Haring o Jean-Michel Basquiat, quienes se hicieron muy conocidos por sus novedosas intervenciones callejeras y fueron legitimados por el aval de Andy Warhol, el máximo referente del arte pop.

Basquiat, un afroamericano, impresionó por la síntesis lograda entre expresionismo y cultura popular, que vinculó a su vez con características propias del arte africano, con lo cual supo expresar la estética de la comunidad negra de Brooklyn (NY), de la que él mismo formaba parte. Haring, por su lado, se hizo muy conocido, en sus primeros tiempos, por intervenir con aerosoles, rodillos y pinceles en los túneles y formaciones del subte de Nueva York, en una actividad sistemática que no pocas veces lo llevó tras las rejas.

En los ´80, el eje de esta modalidad artística se trasladó a ciudades como Barcelona y Berlín, y hace unos años (bastantes ya) ha tomado gran impulso en Buenos Aires, que ve en sus paredes y demás superficies del espacio público urbano –como trenes y puentes– un sinfín de expresiones sustentadas en dos técnicas básicas: el stencil y el graffiti. El stencil es la técnica que consiste en aplicar pintura en aerosol sobre una plantilla en la cual previamente se ha calado el dibujo que se pretende lograr, en tanto que el graffiti consiste en la creación de imágenes e inscripciones directamente sobre la pared, también con aerosol.

En la muestra del Rojas pueden verse algunos ejemplos de este tipo de intervenciones, de apreciable calidad desde el punto de vista de la técnica, aunque muy limitados por una falta casi total de significación. Y no sorprende observar esto en el Centro Cultural Rojas, que (al menos en lo que respecta a la plástica) sistemáticamente impulsa las tendencias más superficiales del arte porteño.

En el caso de esta muestra, esta limitación se hace particularmente visible. Ocurre que el arte callejero está fuertemente definido por una realidad: en el 99 por ciento de los casos, su realización es ilegal, y en sí mismo constituye un desafío a la propiedad privada y a la regimentación del espacio público. También –es evidente– suele ser vehículo de expresiones políticas de oposición (el stencil particularmente, es utilizado como una técnica de difusión de consignas y simbolizaciones de tipo político, lo que en Buenos Aires cobró singular relevancia a partir del 2001/02). La muestra del Rojas, sin embargo, soslaya y niega este sentido de buena parte del arte callejero que se basa en el graffiti y el stencil, y opta por referirse exclusivamente a las expresiones más despolitizadas y desprovistas de significado, más allá de lo puramente estético que algunas de ellas puedan aportar. En la inauguración, no pasó desapercibido que quienes daban tono al evento no eran ni bandas de rock ni ninguna otra expresión “alternativa”, sino un par de dee jays provenientes de los boliches más chetos de la ciudad.

No se trata de que este tipo de propuestas no tengan validez: lo que debe combatirse es esta tendencia a ningunear –desde los espacios del arte establecido– el arte comprometido con la realidad, incluso en los territorios donde su presencia es más fuerte, como las calles de la ciudad.

Ernesto Gutiérrez Ezcurra

A 140 años de El Capital: Con Marx y con el socialismo

Con motivo del 140 aniversario de la publicación de El Capital en las últimas semanas distintos medios escritos, independientemente de su orientación ideológica, han dedicado algunas líneas a dicha conmemoración. El diario Perfil (22/07) ha publicado una serie de notas dentro de las cuales se destaca una titulada Marx, contra los marxistas, del filosofo argentino Juan José Sebreli, en la cual se intenta hacer una reivindicación del “Marx teórico” oponiéndolo a aquellos (a los que denomina marxistas) que decidieron retomar su legado y dedicar su vida a la lucha revolucionaria. El siguiente artículo no sólo pretende destacar la vigencia del pensamiento de Marx, sino, también demostrar que por más esfuerzos que hagan los intelectuales de la burguesía dicho pensamiento es indisociable de la lucha por el socialismo.


No es la primera vez en la historia que una vez expirada la vida de aquellos que con valentía y genialidad han cuestionado y enfrentado, las ideas dominantes de su tiempo, luego de haber sido defenestrados, perseguidos y demonizados, se los reivindique en nombre de su aporte a la cultura universal de la humanidad. El caso de Marx es un ejemplo de esto y de cómo se intentó deformar su pensamiento haciendo análisis fragmentarios, unilaterales y parcializados de su obra para hacer de él cualquier cosa menos un revolucionario. Esta tarea ha sido llevada a cabo no sólo por los escribas de la burguesía, cuyas intenciones no hace falta señalar, sino en mayor grado por muchos “izquierdistas” que no dudan en atacar de sectarios a aquellos que defienden la “lucha de clases” y la “dictadura del proletariado”, como si esto nada tendría que ver con lo que dijo Marx. El análisis que Sebreli hace de Marx, en la nota señalada, parece ser una nueva versión de esto.
Como bien señala el filósofo argentino "las deformaciones del estalinismo– engendraron un marxismo doctrinario muy alejado y, en algunos momentos, hasta opuesto al pensamiento vivo de Marx", en realidad se queda corto porque en todo momento el estalinismo fue una negación del pensamiento de Marx. Desde sus construcciones teóricas que nada tenían que ver con la dialéctica materialista (la concepción unilineal de las etapas históricas por las cuales todas la sociedades debían pasar necesariamente hasta llegar al socialismo) hasta las mayores aberraciones políticas (suplantar el internacionalismo proletario por el llamado "socialismo en un sólo país) y criminales (decenas de millones de rusos fueron asesinados durante la dictadura de la burocracia estalinista en los campos de concentración y de trabajo forzado) en nombre del socialismo. Ahora bien, que el llamado "socialismo real" dirigido por Stalin haya cometido semejantes atrocidades en nombre del socialismo de ninguna manera significa que el socialismo nada tenga que ver con Marx como pretende convencernos Sebreli. Y menos aún pretender hacer de Marx como de Lenin dos apologistas del capitalismo. Si, es verdad que Marx elogió, y esto esta nada más y nada menos que en el Manifiesto Comunista, los logros y los avances que había traído a la humanidad la sociedad burguesa, en relación a las formaciones sociales anteriores pero, y en esto consistió su gran tarea científica, a la vez supo ver los límites de esta sociedad, sus contradicciones internas su tendencia a la autodestrucción y el hecho de que la lucha de clase lleva a la dictadura del proletariado, es decir, al socialismo. O casualidad Sebreli se cuida bien de hablar de esto cuando justamente es en El Capital donde Marx, como nadie, vislumbra esa tendencia histórica. Pretender, también, hacer un paralelo entre la NEP que defendía Lenin con la política de restauración capitalista que lleva adelante la burocracia china es no haber entendido, por un lado, que en China se trata justamente de una restauración capitalista, y que en cambio en la URSS de 1921, diezmada por la guerra civil y las invasiones de las “democracias occidentales”, lo que planteaban Lenin y Trotsky con la NEP era desarrollar las bases materiales para avanzar hacia el socialismo, dado que Rusia era un país atrasado, y siempre tuvieron muy en cuenta los peligros que eso conllevaba. Por eso las grandes industrias, así como el comercio exterior y la banca nunca dejaron de estar en manos del Gobierno obrero. La intención no era desarrollar el capitalismo para quedarse ahí sino sentar las bases materiales necesarias, como lo planteó Marx, para avanzar lo mas rápido posible hacia una nueva forma de organización social; este siempre fue el horizonte para estos declarados marxistas. Por otro lado, este proceso fue interrumpido unos cuantos años después de la muerte de Lenin y de una manera brutal ya que Stalin creyó que el capitalismo era el mejor de los mundo posibles y cuando se dio cuenta de que esto no era así, porque los capitalista estaban nuevamente al acecho en la URSS, tomó la decisión de la colectivización forzosa. En cambio Lenin y Trotsky consideraban que el paso a la colectivización debía concretarse de manera gradual, combinar el capitalismo de Estado con las formas de producción socialistas, y a la espera de que la revolución se expandiese internacionalmente, principalmente en Alemania. En ningún momento vieron en el capitalismo la solución a los problemas históricos de Rusia, por el contrario, era sólo una medida transicional y con ciertas particularidades.
En otra parte de su relato Sebreli insiste con acercar las posiciones de Marx con las de la democracia burguesa y nos dice que "a partir del fracaso del movimiento revolucionario europeo de 1848 fue más cauteloso en sus predicciones insurreccionales y su descubrimiento del movimiento obrero inglés lo llevó a pensar en la alternativa de un socialismo de tipo parlamentario, posición que adoptó el último Engels". Aquí el pensamiento unilateral de Sebreli se aleja tanto de las verdaderas posiciones de Marx como la confianza de éste último en las reformas de tipo democrático, sino veamos las conclusiones que el propio Marx (y no el Marx agiornado de Sebreli) sacaba, luego de las derrotas de 1848, en la famosa carta a la Liga Comunista: “Los proletarios han de realizar la mayor parte del trabajo; necesitarán ser concientes de sus intereses de clase y adoptar la posición de un partido independiente. No deben ser apartados de su línea de independencia proletaria por la hipocresía de la pequeña burguesía democrática. Su grito de guerra debe ser: La revolución permanente” (Londres, marzo de1850). Las posibilidades de avanzar en el parlamento eran para el socialismo una política de coyuntura pero que de ninguna manera reemplazaba a la salida revolucionaria. Sebreli no nos trae ninguna interpretación novedosa sobre el pensamiento de Marx, ya el revisionista alemán Bernstein, hace cien años, había planteado lo mismo.
Finalmente, en la última parte del texto nuestro filósofo ya sin tapujos nos revela su intención: "Marx no fue principalmente el ideólogo del proletariado o el predicador del socialismo según la imagen usual; fue ante todo un lúcido analista del sistema capitalista (…) En el momento actual en que el marxismo pasa por su crisis más profunda, es hora de volver a Marx como a un clásico de la ciencia política, la sociología, la historia, la filosofía y sobre todo un precursor de las relaciones interdisciplinarias”. Es decir, podemos leerlo pero jamás tratar de llevar a la práctica lo que el dijo, cómo bien señaló Trotsky en los años 30’, en una polémica similar con el ex comunista inglés Schlamm, “para dar este salto “heroico” no hay necesidad de salir del gabinete de trabajo, ni siquiera de quitarse las pantuflas”. Sebreli, como tantos otros, “redescubre” un Marx separado de la lucha política concreta porque su objetivo es atacar a aquellos que prefieren meter las patas en el lodo de la lucha de clases a quedarse en el mundillo inmaculado de las ideas y de la mera contemplación. Si hay algo que no se le puede endilgar a Marx es que era un hombre que no hacía lo que pensaba. Porque fue el artífce de El Capital, que hoy recordamos pero también fue, junto a otros grandes revolucionarios, el organizador de los obreros alemanes en la emigración, lo que le valió la persecución del Gobierno prusiano y exilio constante; y fue también uno de los fundadores en Londres (1847) de La Liga de los Comunistas, y en 1848 asumió la dirección Asociación obrera de Colonia desde la cual llamó a la huelga general y la resistencia armada contra la burguesía alemana, participando activamente de los disturbios callejeros, hechos por los cuales iba ser procesado y luego absuelto; su incansable lucha por la causa proletaria lo llevó también a ser elegido miembro del comité provisional de la Asociación Internacional de Trabajadores, para la cual redactó los estatutos y un discurso inaugural. Es decir, si bien no pretendemos hacer aquí una enumeración de los hechos más destacado de su actividad política, si queremos remarcar que un análisis sincero y profundo de la vida del autor de El Capital no puede dejar de señalar el vínculo indisociable entre su producción teórica y su actividad política en favor de la causa proletaria. Cómo el ya había señalado en uno de sus escritos de juventud “así como el proletariado encuentra en la filosofía sus armas espirituales, la filosofía encuentra en el proletariado sus armas materiales”. Pensar a Marx sin la lucha de clases y sin el socialismo es no sólo no entender la esencia de su pensamiento, sino, principalmente, un falsificación interesada de los hechos históricos.
Por eso, a 140 años de la obra que cambió para siempre la forma de entender la sociedad en que vivimos y en el momento actual en donde el que realmente pasa por su crisis más profunda es el capitalismo, porque la democracia burguesa lo único que nos ofrece como solución es la guerra y la condena a vivir en la miseria a millones de seres humanos, el pensamiento de Marx así cómo su lucha por imponer una salida socialista a este desastre están más vigentes que nunca.

Surrealismo: El Primer manifiesto

En 1924, en Paris, se publica el Primer Manifiesto surrealista, que presentará formalmente al movimiento artístico del mismo nombre, surgido de las entrañas del dadaísmo, dentro del cual se fue fisonomizando desde el inicio de la década. Escrito por André Breton, el manifiesto encarnará las bases de un movimiento que inicia como un proyecto estrictamente literario pero que luego se desarrollará en otras disciplinas artísticas. Entre los escritores pioneros se encontrarán Paul Éluard, Antonin Artaud, Louis Aragon, Pierre Naville y Phillipe Soupault. Con este último, Breton escribirá el primer texto surrealista, publicado en la revista Littérature en 1920, llamado Los campos mágneticos. Luego, se iran adhiriendo al movimiento -entre otros- André Masson, Joan Miró, Man Ray, Salvador Dalí, Max Ernst y Luis Buñuel. Así como estarán vinculados a él Pablo Picasso y Paul Klee por ejemplo. Publicamos a continuación la primera parte de este manifiesto.


“Tanto de fe en la vida, en la vida en su aspecto mas precario, en la vida real naturalmente, que al fin esta fe acaba por desaparecer. El hombre, soñador sin remedio al sentirse de día en día mas descontento con su sino, examinar con dolor los objetos que le han enseñado a utilizar, y que ha obtenido a través de su indiferencia o de su interés, casi siempre a través de su interés, ya que ha consentido someterse al trabajo, o por lo menos no se ha negado a aprovechar las oportunidades…. ¡Lo que el llama oportunidades!. Cuando llega este momento, el hombre es profundamente modesto: sabe como son las mujeres que ha poseído, sabe como fueran las risibles aventuras que emprendió, la riqueza y la pobreza nada le importan, y en este aspecto vuelve a ser como un niño recién nacido; y en cuanto se refiere a la aprobación de su conciencia moral, reconozco que puede prescindir de ella sin grandes dificultades. Si le queda un poco de lucidez, no tiene mas remedio que dirigir la vista hacia atrás, hacia su infancia que siempre le parecerá maravillosa, por mucho que los cuidados de sus educadores la hayan destrozado. En la infancia, la ausencia de toda norma conocida ofrece al hombre la perspectiva de múltiples vidas vividas al mismo tiempo; el hombre hace suya esta ilusión, solo le interesa la facilidad momentánea, extremada, que todas las cosas ofrecen. Todas las mañanas, los niños inician su camino sin inquietudes. Todo está al alcance de la mano, las peores circunstancias parecen excelentes. Luzca el sol o este negro el cielo, siempre seguiremos adelante jamás dormiremos.
Pero no se llega muy lejos a lo largo de este camino; y no se trata solamente de una cuestión de distancia. Las amenazas se acumulan, se cede, se renuncia a una parte del terreno que se debía conquistar. Aquella imaginación que no reconocía limite alguno, ya no puede ejercerse sino dentro de los limites fijados por las leyes de un utilitarismo convencional; la imaginación no puede cumplir mucho tiempo esta función subordinada, y cuando alcanza aproximadamente la edad de veinte años prefiere, por lo general, abandonar al hombre a su destino de tinieblas.
Pero si mas tarde el hombre, fuere por lo que fuere, intenta enmendarse al sentir que poco van desapareciendo todas las razones para vivir, al ver que se ha convertido en un ser incapaz de estar a la altura de una situación excepcional, cual la del amor, difícilmente lograra su propósito.

Y ello es así por cuanto el hombre se ha entregado en cuerpo y alma al imperio de unas necesidades prácticas que no toleran el olvido. Todos sus actos carecerán de altura; todas sus ideas, de profundidad. De todo cuanto le ocurra o cuanto pueda llegar a ocurrirle, solamente verá aquel aspecto del acontecimiento que lo liga a una multitud de acontecimientos parecidos, acontecimientos en los que no ha tomado parte, acontecimientos que se ha perdido. Más aun, juzgará cuanto le ocurra o pueda ocurrirle poniéndolo en relación con uno de aquellos acontecimientos últimos, cuyas consecuencias sean más tranquilizadoras que las de los demás. Bajo ningún pretexto sabrá percibir su salvación.”

Semana 31: "Pancho Villa, Bergman, Fontanarrosa, Harry potter y Fidel Castro" x Ernan