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Historietas en San Telmo


Nuestro amigo, el historietista Ernán, está invitando para este viernes (9 de noviembre) a la inauguración de una muestra de dos colegas suyos colombianos, Max Moskú y Joni B., y una chica ecuatoriana (también historietista), Pawer Paola. Será en LDF, la galería que con unos amigos están armando en el barrio de San Telmo.
Me escribió Ernán: “Estaría buenísmo que vinieras, empieza a las 19:30 pero suponemos que terminara tarde tarde, porque Max Moskú preparó un CD con miles de mp3 de música colombiana para pasarla bomba”.
Parece interesante...

La dirección de LDF es Perú 711, 1º piso, departamento 2.

A continuación, la gacetilla de presentación de esta expo.


"¡Oh, Libertad!" y "Las Montañas de mi Tierra"

De la República de Colombia, extraño país del norte ampliamente conocido por sus productos de exportación tanto legales como ilegales, llegan los dibujantes de historietas Max Moskú y Joni B. Durante un mes este par de sujetos de dudosa reputación provenientes de la ciudad de Medellín habitarán las calles bonaerenses, comerán nuestra comida, beberán nuestra bebida y meterán mano a las chicas (según dicen ellos) mientras exhiben su obra gráfica en la Galería LDF. La muestra, que lleva los nombres "¡Oh, Libertad!" y "Las Montañas de mi Tierra" (Joni y Max nunca se pusieron de acuerdo), recopila su trabajo de los últimos meses y se irá renovando durante su estadía, a medida que los autores produzcan nuevas historietas narrando sus impresiones y vivencias lejos de casa. Ambos autores han hecho parte de diferentes proyectos de historieta en su país; en la actualidad forman parte del webzine vinagreta.net y de la gacetilla impresa Robot Cómics.

Muestra Fotográfica







Jugamos, lloramos…



Exposición fotográfica de Moira Antonello

Boquitas Pintadas - Estados Unidos 1393
Lunes a domingo de 11 a 17 hs.
Jueves de 11 a 21 hs.
Podés recorrer la muestra con la autora los jueves de 18 a 21 hs.
Clausura: jueves 20 de septiembre

Dijo Rodrigo Alonso sobre la muestra:

Las fotografías de Moira Antonello son el resultado de una performance. Aquí, la exaltación de un detalle corporal arrancado de su contexto, transforma en ambiguo el gesto que retrata. En las fotografías de Antonello la ausencia de una codificación similar desestima toda interpretación concreta. Así, los gestos se debaten entre el erotismo y la vulgaridad, entre el reconocimiento y lo grotesco.
Inadvertidamente, la artista nos posiciona frente a una paradoja. El gesto, tan marcado por el encuadre, termina por anularse en su propia exaltación. Incluso, si no fuera por algunas referencias mínimas, se hace difícil no sólo identificar los rostros, sino también su género u otros datos físicos mínimos. El tamaño de las imágenes juega un papel importante tanto en su impacto en el espectador como en su relación casi física con él. También en la actualización de la paradoja, ya que a mayor tamaño es cada vez más dificultoso el reconocimiento de los rostros y sus expresiones.

Para más información: http://www.moiraantonello.com.ar/

¿Arte callejero o "Street Art"?



En el Espacio de Arte del Centro Cultural Rojas (Av. Corrientes 2038) puede verse hasta el 31 de agosto una muestra sobre “Street Art” –tal el nombre que los curadores han elegido para titular la exposición.

Ante todo, cabe preguntarse: ¿es lo mismo “arte callejero” que “street art”? No. Lo que algunos llaman street art es sólo una vertiente del arte que podemos ver en las calles. Se trata de expresiones que apuntan a replicar en Bs. As. una estética y una forma de creación que nació en la Nueva York de los `70, con artistas como Keith Haring o Jean-Michel Basquiat, quienes se hicieron muy conocidos por sus novedosas intervenciones callejeras y fueron legitimados por el aval de Andy Warhol, el máximo referente del arte pop.

Basquiat, un afroamericano, impresionó por la síntesis lograda entre expresionismo y cultura popular, que vinculó a su vez con características propias del arte africano, con lo cual supo expresar la estética de la comunidad negra de Brooklyn (NY), de la que él mismo formaba parte. Haring, por su lado, se hizo muy conocido, en sus primeros tiempos, por intervenir con aerosoles, rodillos y pinceles en los túneles y formaciones del subte de Nueva York, en una actividad sistemática que no pocas veces lo llevó tras las rejas.

En los ´80, el eje de esta modalidad artística se trasladó a ciudades como Barcelona y Berlín, y hace unos años (bastantes ya) ha tomado gran impulso en Buenos Aires, que ve en sus paredes y demás superficies del espacio público urbano –como trenes y puentes– un sinfín de expresiones sustentadas en dos técnicas básicas: el stencil y el graffiti. El stencil es la técnica que consiste en aplicar pintura en aerosol sobre una plantilla en la cual previamente se ha calado el dibujo que se pretende lograr, en tanto que el graffiti consiste en la creación de imágenes e inscripciones directamente sobre la pared, también con aerosol.

En la muestra del Rojas pueden verse algunos ejemplos de este tipo de intervenciones, de apreciable calidad desde el punto de vista de la técnica, aunque muy limitados por una falta casi total de significación. Y no sorprende observar esto en el Centro Cultural Rojas, que (al menos en lo que respecta a la plástica) sistemáticamente impulsa las tendencias más superficiales del arte porteño.

En el caso de esta muestra, esta limitación se hace particularmente visible. Ocurre que el arte callejero está fuertemente definido por una realidad: en el 99 por ciento de los casos, su realización es ilegal, y en sí mismo constituye un desafío a la propiedad privada y a la regimentación del espacio público. También –es evidente– suele ser vehículo de expresiones políticas de oposición (el stencil particularmente, es utilizado como una técnica de difusión de consignas y simbolizaciones de tipo político, lo que en Buenos Aires cobró singular relevancia a partir del 2001/02). La muestra del Rojas, sin embargo, soslaya y niega este sentido de buena parte del arte callejero que se basa en el graffiti y el stencil, y opta por referirse exclusivamente a las expresiones más despolitizadas y desprovistas de significado, más allá de lo puramente estético que algunas de ellas puedan aportar. En la inauguración, no pasó desapercibido que quienes daban tono al evento no eran ni bandas de rock ni ninguna otra expresión “alternativa”, sino un par de dee jays provenientes de los boliches más chetos de la ciudad.

No se trata de que este tipo de propuestas no tengan validez: lo que debe combatirse es esta tendencia a ningunear –desde los espacios del arte establecido– el arte comprometido con la realidad, incluso en los territorios donde su presencia es más fuerte, como las calles de la ciudad.

Ernesto Gutiérrez Ezcurra

Cincuenta años con El Eternauta, treinta sin Oesterheld

Me resulta curioso observar que no soy el único que, el 9 de julio último, asoció la nevada en Buenos Aires con aquella otra que da inicio a la narración de El Eternauta, historieta que este año celebra medio siglo de su publicación.
Ese lunes la nevada pudo alcanzar –configurando un rarísimo cuadro– la mismísima figura de Juan Salvo, personaje principal de El Eternauta, que desde una serie de gigantografías ubicadas en los jardines de la Biblioteca Nacional se presentaba como testigo de ese raro fenómeno meteorológico que muchos queremos interpretar como un homenaje natural a la figura del escritor, guionista, editor y militante que fue Héctor Germán Oesterheld, secuestrado en 1977 y desaparecido desde entonces, hace ya treinta años.
Treinta años sin Oesterheld, cincuenta con El Eternauta: esa es la conjunción de aniversarios que desde la contundencia que dan las décadas ha impulsado una serie de muestras y homenajes, entre los cuales destaca una abarcativa exposición que se puede ver en diversos espacios de la Biblioteca Nacional (desde la Plaza del Lector hasta varias salas y el auditorio). Allí se ofrecen obras alusivas a la obra de Oesterheld, de artistas tales como Carlos Gorriarena, Martín Kovensky, Marcia Schvartz, Carlos Nine y muchos otros, incluido Francisco Solano López, cuyas tintas dieron cuerpo a esa historia emblemática, inquietante (sin duda, la obra del género historieta más importante en nuestro país) que es El Eternauta. Para esta exposición, el mismo Solano López dibujó, con guión de Juan Sasturain, una suerte de continuación de aquella historia, a modo de homenaje (la ofrecemos a los lectores de Culturamma a continuación de esta nota).
También –muy importante–, la exposición en la Biblioteca ofrece una muestra de las diversas publicaciones donde HGO trabajó (e incluso creó), tales como Misterix, Hora Cero y Frontera, entre muchas otras en las cuales el autor puso en juego su habilidad para desarrollar historias de gran calidad narrativa, que contribuyeron a superar muchas de las limitaciones del género. La periodista Judith Gociol, coautora de una interesante biografía titulada Oesterheld. Rey de reyes, apunta algunos aportes del autor: “El héroe colectivo, la localización en una geografía concreta y reconocible, y sus argumentos que van más allá del maniqueísmo de héroes buenos, justos y triunfadores”... Oesterheld era ni más ni menos que un narrador, “que eligió ese formato (la historieta) porque confiaba en él como un vehículo de comunicación de enorme alcance popular”.
Sería interesante analizar la obra de HGO en un paralelo con el desarrollo de su pensamiento político, que lo llevó a fundir su creación artística con su militancia política, en la organización Montoneros. Pero es un análisis (artístico y político) que escapa a los alcances de estas líneas, lamentablemente. Sólo podemos acercar la imagen de un guionista que, aun en la clandestinidad, en los inicios de la dictadura, en un refugio en el Tigre y dictando sus narraciones desde teléfonos públicos, seguía peleando por la transformación social y creyendo en su arte como uno de los instrumentos para lograrla.
Se presume que Oesterheld fue detenido en La Plata el 29 de abril de 1977. Desde ese momento, él y sus cuatro hijas –Beatriz, Estela, Marina y Diana– permanecen desaparecidos.
Nieva en Buenos Aires. Cuidado: treinta, cincuenta años después, el enemigo sigue aquí.

Ernesto Gutiérrez Ezcurra







Presentación de la revista Cábula (historietas)


El viernes 22 de junio, a las 20 hs, se presentará el tercer número de la revista de historietas Cábula, en LDF-Galería, Perú 711, 1° piso, depto. 2, San Telmo.

Este número de Cábula cuenta con historietas de Miguel Brieva (España), Christiano (Chile), Angel Mosquito, Federico Reggiani, Pablo Sapia, Frank Arbelo (Cuba-Bolivia), Jesus Cossio (Perú), Marco Tóxico (Bolivia), Fabio Zimbres (Brasil), Max Mosku (Colombia), Lucas Nine, Frank Vega, Fran López, Clara Lagos, Diego Abu Arab, Juan Sáenz Valiente, Ernán, Federico Geller, Pablo Besse, César Carrizo, Hernán Cañellas, Andrés Biscaisaque, Kráneo, Ezequiel García, Max Aguirre y Maria Delia Lozupone. El prólogo estuvo a cargo de Diego Rojas.

La revista Cábula es editada por Ernán Cirianni y fue presentada en el reciente mes de mayo en el Festival de historietas "Viñetas con Altura" en La Paz, Bolivia.

En la presentación habrá una muestra de trabajos originales de los historietistas que forman parte de este número de la revista y proyecciones de animaciones de Max Mosku, Lucas Nine, Juan Sáenz Valiente y Diego Abu Arab.

Festival Latinoamericano de la Clase Obrera 07

Del 7 al 13 de junio en el Complejo Tita Merello, y del 14 al 16 del mismo mes en el Centro Cultural "20 de Diciembre" (Ituzaingó 747, Barracas), se realiza la IV edición del Festival Latinoamericano de la Clase Obrera (Felco), orientado a difundir, por sobre todo, las expresiones audiovisuales que tienen como eje los conflictos, las luchas y los problemas de la clase trabajadora.
En sus tres ediciones anteriores (realizadas en Buenos Aires, El Alto -Bolivia- y San Pablo -Brasil-) el festival estuvo limitado al cine y al video. En esta oportunidad sus organizadores (entre quienes destaca el Ojo Obrero, colectivo de cine y video político) han ampliado la convocatoria a otras artes, como ser teatro, plástica, intervenciones callejeras, lo que se ve reflejado también en la programación (ver http://www.felcoargentina.com.ar/), que incluye muestras de pinturas y esculturas, obras de teatro, y mesas debate sobre diversos temas relacionados con la unidad entre las expresiones del arte y la cultura en general, y los problemas que enfrentan los trabajadores, particularmente de este lugar en el mundo que es América Latina.
En este mismo blog los visitantes podrán acceder a un breve video de presentación del festival, desarrollado excusivamente por y para Culturamma.com.ar.

Arte robado

Hace un tiempo llevo entre mis papeles un pequeño recorte de la revista Ñ del sábado 7/4. Quería compartir con ustedes el texto, de Eduardo Villar. Sin comentarios.


Piezas robadas y piezas exhibidas
De qué hablamos cuando hablamos de imperio

El subdirector del Museo Británico, Andrew Burnet, de visita en Alicante, España, estimó que el Museo de Bagdad sufrió en los últimos cuatro años -desde la invasión a Irak- el robo de 8.000 objetos y piezas arqueológicas. Burnet expresó su "tristeza" por el hecho de que "un pasado cultural tan extenso haya padecido semejante daño". Luego, como si los dos hechos no tuvieran la más mínima conexión, siguió con lo suyo: presentar la colección de 200 piezas de la cultura asiria (actualmente Irak) de entre los siglos IX y VII aC., que son propiedad de su museo y que se exhibirán hasta el 30 de septiembre en Alicante. La muestra se llama "Arte e imperio: tesoros asirios del Museo Británico". ¿Qué imperio: el asirio o el británico?

Exposiciones en Recoleta: para ver o para olvidar

Malvinas: imágenes públicas - objetos privados


Esta exposición, que se puede ver en el Centro Cultural Recoleta, tiene como eje 300 objetos cedidos en préstamo o donados por familiares de combatientes y veteranos de guerra. Y un centenar de cruces traídas de las islas: las que señalaban, en el cementerio de Darwin, las tumbas de los argentinos muertos allí.
Un elaborado ambiente de fuerte sesgo teatral recibe al visitante. Los objetos están a
llí: los borceguíes deformados, una media, las insólitas zapatillas Flecha, un casco de aviador, una campera. Pero lo que más impresiona (y todo aquí parece dispuesto con ese fin) son las cruces de madera colgando desde el techo, infernales, amenazantes con sus bases en punta, como estacas dispuestas a clavarse en aquel que se desplace por debajo, donde se encuentran las placas recordatorias que los familiares de los caídos habían dejado en las tumbas entremezcladas de los más de 600 argentinos muertos entre abril y mayo de 1982.
Uno podría pensar que el objeto concreto que acompañó la cotidianidad del soldado en las islas –la lata de comida, el cepillo de dientes, el rosario que la mamá le entregó antes de partir– nos podría ayudar a tender un puente de comprensión hacia el dolor del pibe de 18 años (¡18 años!) condenado a morir b
ajo la munición británica, o al menos a sufrir a sus otros enemigos: la oficialidad torturadora que establecía en Malvinas un continuum del genocidio continental.
No nos ayudan estos objetos a acercarnos a los combatientes, muertos o sobrevivientes, porque la disposición de las piezas las torna irreales, transformándolas en reliquias y eliminando su fuerza de realidad. La sens
ación es similar a la que siempre ha buscado la arquitectura y el arte religiosos: el respeto y la adoración, por medio del temor y la manipulación de los sentidos. Quizá lo más alejado de la búsqueda de comprensión, del entendimiento.
En síntesis, una muestra manipulada desde lo sensorial, y desde allí mismo despolitizada, a-crítica, absolutamente cómplice del ocultamiento estatal de lo que fue uno de los crímenes más aberrantes de la última dictadura militar.

El retrato: marco de identidad

Recomendamos, para zafar de la probable depresión, salir del Centro Cultural Recoleta (aunque no sin antes ver la muestra de nuestra amiga Juana Neumann, que por estos días está presentando su serie de pinturas “El mantel en la arena” en ese mismo lugar), bajar la barranca de Plaza Francia, cruzar Libertador e ingresar en el Museo Nacional de Bellas Artes, donde la muestra “El retrato: marco de identidad” ofrece una serie de pinturas, fotografías e incluso films que giran en torno de este hecho tan cotidiano en el la producción artística: plasmar la imagen de alguien en una obra.
En el área de la pintura, la muestra hace un recorrido del género del retrato comenzando con una pequeña imagen de Juan Manuel de Rosas pintada por Carlos Enrique Pellegrini hacia fines del 1800, cuando aún el daguerrotipo no había desplazado al pincel a la hora de representar visualmente a una persona –y permitir su paso a la posteridad, tal como era entendido, y aún hoy lo es, en cierta forma–. Concluye, muy felizmente, con tres obras de los `60 (de Macció, Testa y Noé) en las cuales el retrato “estalla”, se metamorfosea, forzando la expresión hasta el límite de lo figurativo y entrando incluso en el terreno de lo conceptual, como ocurre en la obra expuesta de Clorindo Testa, donde una cabeza apenas esbozada presenta en su rostro la frase: “Estoy muerto”.
Entre estos dos extremos, que nos permiten la comprensión de las diversas búsquedas que signaron a la creación artística en las distintas épocas, una serie interesante de obras (pocas, bastante bien elegidas), de pintores tanto argentinos como extranjeros, nos ofrece un acercamiento a la temática de la representación y auto-representación; un recorrido que tiene uno de sus puntos más altos en un autorretrato de Eduardo Sívori y, justo a su lado, el retrato que Quirós hizo de él, en un contrapunto que vale la pena disfrutar.
La exposición abarca, también, otra vertiente del retrato: el fotográfico. Aquí pueden observarse una serie de obras (todas pertenecientes a la colección del Museo, al igual que las pinturas) de artistas como Henri Cartier Bresson, Sebastião Salgado, Annemarie Heinrich y Marcos López, para nombrar algunos representativos de la diversidad de épocas, nacionalidades y estilos de los fotógrafos seleccionados.
La muestra se complementa con la proyección de una serie de películas en cuyo argumento el retrato, como objeto, tiene una importancia singular (ver programación).
Ernesto Gutiérrez Ezcurra

Retratos: programación de cine

  • Sábado 7 de abril
    LA CAIDA DE LA CASA USHER (83 min/ 1928)
    Dir. Jean Epstein con Margueritte Gance y Jean Debocourt

  • Sábado 14 de abril
    REBECCA (130 min/ 1940)
    Dir. Alfred Hitchcock con Lawrence Olivier y Joan Fontaine

  • Sábado 21 de abril
    EL RETRATO DE DORIAN GREY (110 min/ 1945)
    Dir. Albert Lewin con Dona Reed y George Sanders

  • Sábado 28 de abril
    LAS AMIGAS (104 min/ 1955)
    Dir. Michelangelo Antonioni con Eleonora Rossi Drago y Gabriele Ferzetti

  • Sábado 5 de mayo
    ROSAURA A LAS DIEZ (100 min/ 1958)
    Dir. Mario Soficci con Juan Verdaguer y Susana Campos

  • Sábado 12 de mayo
    VERTIGO (120 min/ 1958)
    Dir. Alfred Hitchcock con Kim Novak y James Stewart

  • Sábado 19 de mayo
    LA MUCHACHA DEL ARETE DE PERLA (100 min/ 2003)

Rómulo Macció en el Museo Nacional de Bellas Artes

“La pintura no se dice, se muestra”, es una de las definiciones de Macció. Pero hay una realidad: a él le toca mostrarla y a nosotros, desde el papel de la crítica, decirla. Así es el juego.

Y lo que hay para decir sobre lo que Rómulo Macció muestra en su exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes (una antología de grandes obras –grandes por formato, el resto veremos– realizadas entre 1987 y 2006) no es demasiado. Al menos no es demasiado bueno.
Ante todo, diremos que Macció supo integrar el grupo que muchos consideran como los “Beatles” de la pintura argentina; un grupo que se autonombró “Figuración Otra” pero que ha quedado en la historia como “Nueva Figuración”. Junto a Luis Felipe Noé, Ernesto Deira y Jorge de la Vega, Macció conformó este cuarteto de pintores cuya intervención y obra constituyen –sin dudas– uno de los aportes más importantes de la plástica argentina al arte del siglo XX. Y no es poco.
Individualmente, es uno de los pintores más irreverentes, talentosos y originales de aquel siglo. Y no podemos decir que de éste porque, a juzgar por la obra expuesta en el Bellas Artes, el maestro se ha cansado de serlo.

Sabemos que en el arte genuino rige una máxima (que no siempre se respeta, y está bien que así sea, algunas veces): para crear se requiere un 5 por ciento de inspiración y un 95% de trabajo.
Sí, trabajo.
Y como en la obra expuesta por Macció falta ese alto porcentaje de esfuerzo (al menos en la mayoría de las telas), la inspiración (¿la hay?) no se deja ver, y la potencia de la propuesta se desdibuja (nunca más adecuada esa palabra) en inmensos lienzos que en su mayoría muestran colores poco elaborados, con descuidos que no aportan a la expresividad de la pintura, y temáticas que no llegan a justificar semejantes superficies (en algunos casos, de hasta 4 metros de largo), expuestas nada menos que en el museo más importante del país.
Luego de la impactante retrospectiva del también neofigurativo Ernesto Deira en el verano, en el mismo museo, lo de Macció suena a poco.

Una reflexión, quizá desagradable: cabe preguntarse si a los 75 años no le convendría a Macció “limitarse” a lienzos más acotados en sus dimensiones, aunque las tendencias del mercado le exijan esas grandes telas que no llega a poder conquistar con su pincel y su paleta.
Por nuestro lado, seguimos admirando a este inmenso pintor que mostró, allá por los `60 (y después también), esa pintura de la que hoy no es necesario “decir”. Sólo mirar. Que para eso está.

Ernesto Gutiérrez Ezcurra